El día que conocí a un verdadero peregrino

Esta mañana, de madrugada, he recordado un personaje al que conocí hace años. Tal vez es que he soñado con él, pues me he despertado y lo tenía en la cabeza.

Debo decir personaje porque a ningún guionista o escritor se le hubiera ocurrido un personaje así, más que nada porque sería muy poco creíble.

Volvía un día de madrugada a casa, sobre las 6 de la mañana, con el primer tren. Volvía de fiesta, en aquella época sobre el 2005 o 2006 solía salir a menudo de fiesta por toda la noche y volver de madrugada. Pero contra todo pronóstico, el primer tren de la mañana del domingo iba abarrotado. Yo no era la única que salía… el tren se paró en  una estación por lo general desolada que no deja de tener un sorprendente encanto que, sin embargo, pasa desapercibido cuando estas acostumbrado al trayecto. Se abren las puertas del tren y ves el andén y el mar. Tal cual. Es una estación que está justo en la playa, y una playa más bien con poca arena, así que muy muy cerquita del mar. Pues en esta estación se subió el personaje en cuestión. Tenía aspecto de homeless, ropa algo sucia y descuidada, pelo y barba largos. Pero llamaba la atención que llevaba colgada del cuello una gran concha blanca, como las que llevan los peregrinos del camino de Santiago. Y algo que llamaba todavía más la atención, al menos mi atención, cargaba un gran mochila sobre la cual dormía tranquilamente un gato. ¡Sí! ¡Un gato! Ni estaba atado ni en una jaula. El gato dormía sobre la mochila ignorando completamente su alrededor. Yo no pude evitar mirar al tipo con curiosidad, así que lo que conseguí fue atraerle. Apenas puso un pie en el tren el tipo miró alrededor y enseguida se fijó en mi se dirigió a mí. Era portugués, así que apenas chapurreaba un poco de español pero más o menos conseguí entenderle. Me pidió que le escribiera el nombre de la estación en la mano. Así lo hice, rápidamente saque mi boli del bolso (si hay algo que siempre llevo en el bolso es un bolígrafo) le escribí en la mano “Montgat”. Entonces me explicó el por qué. Decía que iría hasta el final de la línea y cuando llegara buscaría al revisor y le diría que se había subido en esa estación “Montgat” y pagaría su billete. Porque él no era un ladrón y pensaba pagar. Entonces ya cogió carrerilla para contarme toda su historia. Empezó a sacar papeles y papeles, me contó que era un peregrino de Santiago, como bien indicaba la concha, que llevaba peregrinando 6 meses, que había estado en Roma, en Marsella y no se cuantas ciudades más, me mostró papeles con sellos de todas las ciudades. Y que había ido siempre andando a todos sitios, que nunca hasta ese día había usado transporte público o hecho autostop. Sólo andar. Pero que aún así pensaba pagar su billete de tren, que el no era un ladrón. ¿Y por qué cogía el tren por primera vez en seis meses? Pues porque él no era un ladrón pero otra gente sí. Resulta que estaba durmiendo en la playa, en su tienda de campaña y, palabras textuales del peregrino, unos moros entraron en su tienda a robar, se cagó en la madre de los moros subiendo la voz. A lo que yo hice lo posible por tratar de que bajara la voz, el tren iba abarrotado sólo faltaba que nos dieran de ostías por racistas. Siguió explicando, entre portugués, algo de español y mímica, que él les lanzó al gato, me señalo el gato sobre la mochila, que a todo esto seguía durmiendo la mar de a gusto. Pues eso, que él les lanzó el gato y el gato les araño y los moros se asustaron y salieron corriendo. Pero que el decidió marcharse de ahí y por eso cogió el tren. Estaba enfadadísimo, por primera vez en seis meses tuvo que coger un tren por culpa de unos moros, él que era un peregrino y que no tenía nada. Que sólo tenía a su gato, que lo encontró siendo una cría y desde entonces viajaba con él, y el gato estaba ya bastante grandote.

Finalmente yo llegué a mi estación y el siguió su camino, imagino que a Santiago, aunque no dejé de preguntarme que hacía en Barcelona??? Un camino de Santiago muy largo. Pero me encantó ese encuentro. Tengo una cierta tendencia a que los desconocidos me hablen, especialmente si están desequilibrados. Será porque yo soy muy callada y les parece que escucho. Por lo general me molesta bastante pero en este caso yo estaba fascinada. La concha, el gato, la historia de moros y cristianos, el gato utilizado como arma de defensa. Maravilloso.

Y hoy, de madrugada, aproximadamente ocho años después me he despertado y no podía dormir y pensaba en ese tío. En su libertad, en haber viajado de un lado a otro sin nada, sobre todo sin miedo. Con su gato fiel que no tenía que obligarle a estar con él, el gato  iba con él porque quería.

Entonces le tuve envidia y se la sigo teniendo. Porque todas esas cosas que a mi no me dejan dormir seguro que él está totalmente libre de ellas.

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